Marvilla

                      

Un día me tiré sin red a los abismos de la abstracción. Y lo que en principio fue angustia y temor pronto se transformó en una sensación agradable.

 

Me di cuenta que al igual que en la figuración, se pueden contar infinitas cosas a través de ella, todo fue uno...simplemente había que dejarse lleva. Ir haciendo una especie de introspección emocional mientras creas, que se traduce en símbolos cromáticos, gestuales y matéricos, para expresar un estado mental y subjetivo.

 

En un trance semiconsciente donde tan sólo tienes que escuchar a tu intuición. Esa intuición a la que siempre he prestado especial atención y en la que siempre he tenido fe. Y este credo me granjeó su complicidad y colaboración. No escuchamos, y menos nos escuchamos a nosotros mismos. Con la abstracción he profundizado en la acción de escucharme íntimamente.

 

Una obra acabada también busca cruzar las miradas con el espectador; más allá de la técnica y el lenguaje plástico. No temas, no te intimide lo desconocido, lo aparentemente oscuro, en suma, lo abstracto. Tan sólo déjate llevar y confía en esa intuición que es parte de tu equipaje vital. Si logras esa comunión habrás roto una de las tantas barreras de tus propios prejuicios.